Prueba rápida para la detección de Chlamydia trachomatis

Mayo 6th, 2013

Se ha desarrollado un método rápido sin cultivo, para la detección de Chlamydia trachomatis, en muestras del tracto urogenital, basado en la medición de la actividad de una enzima específica.

El método se basa en el nivel de actividad de la α-manosidasa, una hidrolasa de glucósido implicada en la maduración y la degradación de los oligosacáridos ligados a la glicoproteína, en su cromógeno específico.

Científicos de la Universidad de Zhengzhou (China) evaluaron la eficacia de un método que mide las actividades de la α-manosidasa, de la cepa serotipo D y de 29 cepas estándar de C. trachomatis, relacionadas con agentes clínicos, que son patógenos del tracto urogenital. También analizaron 553 muestras de las vías urogenitales mediante el método de cultivo celular y el método de reacción en cadena de ligasa (LCR), logrando la adopción de un estándar de oro de mayor alcance.

Para los 203 casos masculinos, se recolectaron tres muestras, con hisopos estériles de rayón, de las secreciones uretrales de 151 pacientes ambulatorios y tres muestras líquidas obtenidas por masaje de próstata en 52 pacientes ambulatorios. Para los 350 casos femeninos, se obtuvieron tres muestras de secreción cervical de 232 pacientes ambulatorias y tres muestras de secreción vaginal de 118 pacientes ambulatorias con hisopos estériles de rayón, utilizando espéculos vaginales.

El método enzimático se basó en el sustrato 6-cloro-3-indolil-α-D-manósido y el reactivo cromogénico contenía sal de Fast Violet B (J&K Chemical; Shanghái, China). El resultado se consideró positivo cuando la densidad óptica (DO) a 512 nm era mayor de 0,150, con un cambio de color de incoloro a rojo o marrón después de 15 minutos de incubación a 37 ° C. Se utilizaron el cultivo de células y el método de LCR para evaluar el funcionamiento clínico del método enzimático.

De las 553 muestras clínicas, 132 fueron positivas con DO desde 0,161 hasta 1,955 y 421 muestras fueron negativas con DO desde 0,013 hasta 0,142. La sensibilidad del método enzimático fue de 91,5% y la especificidad del método fue de 90,0%.

Los autores concluyeron que habían demostrado que no habría diferencias significativas entre el método enzimático y el método de referencia, si se excluían las muestras de próstata. Por lo tanto, la actividad de la α-D-manosidasa puede ser un marcador útil para C. trachomatis en muestras obtenidas de las vías urogenitales, con muchas ventajas, tales como su velocidad, facilidad de uso, conveniencia y que no se requiere equipo especializado.

Fuente: Labmedica

La pequeña mutación que facilitaría al virus de la gripe H5N1 replicarse en la nariz de mamíferos

Mayo 3rd, 2013

Unos científicos han descrito pequeños cambios genéticos que capacitarían al virus de la gripe aviar H5N1 para replicarse con mayor facilidad en la nariz de mamíferos.

Hasta ahora, sólo ha habido casos aislados de gripe aviar en los humanos, y sin transmisión generalizada debido a que el virus H5N1 no puede replicarse eficientemente en la nariz de mamíferos.

En el nuevo estudio, el equipo de la viróloga Wendy Barclay, del Departamento de Medicina en el Imperial College de Londres, trabajó con virus debilitados en el laboratorio, y los resultados apoyan las conclusiones de una controvertida investigación publicada en 2012 que demostró que bastarían unas pocas mutaciones genéticas específicas para permitir que la gripe aviar se propagase entre los hurones. Estos animales presentan muchas similitudes con el Ser Humano en lo que se refiere al proceso de infección por virus de la gripe, hasta el punto de que son usados para estudios sobre la infección por gripe en los humanos.

Los resultados de la nueva investigación podrían ayudar a desarrollar vacunas más eficaces contra nuevas cepas de gripe aviar que puedan propagarse entre los humanos.

La gripe aviar rara vez infecta a los humanos porque la nariz humana tiene receptores diferentes a los de las aves y también es más ácida. El equipo de Barclay estudió mutaciones en el gen que codifica para la hemaglutinina, una proteína de la superficie del virus que permite a éste entrar en las células del organismo que invade. Los investigadores realizaron sus experimentos en una cepa de la gripe obtenida en laboratorio que poseía las mismas proteínas en su superficie que la gripe aviar, pero estaba preparada de modo que no pudiera causar una enfermedad grave.

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El virus de la gripe aviar H5N1, en dorado, es distinguible entre células de una clase conocida como MDCK, en verde. (Foto: CDC/ Cynthia Goldsmith; Jacqueline Katz; Sherif R. Zaki)

En la investigación se encontró que ciertas mutaciones en la hemaglutinina H5 permitían a la proteína tolerar niveles de acidez mayores. Los virus con éstas y otras mutaciones que les permitían adherirse a receptores diferentes podían replicarse de manera más eficiente en los hurones y propagarse de un animal a otro.

“No podemos predecir cómo los virus de la gripe aviar evolucionarán en la naturaleza, pero cuanto mejor conozcamos los tipos de mutaciones que les permitirán transmitirse entre humanos, mejor nos podremos preparar para una posible pandemia”, advierte la profesora Barclay.

En la investigación también han trabajado Holly Shelton y Kim L. Roberts, del Imperial College de Londres, así como Eleonora Molesti y Nigel Temperton, de la Universidad de Kent, Reino Unido.

Fuente: NCYT

El armamento que las bacterias usan para luchar entre ellas

Mayo 2nd, 2013

Se ha descubierto en bacterias la capacidad de degradar la membrana celular de otras bacterias competidoras, mediante enzimas que no dañan a la membrana de la bacteria agresora.

Este asombroso hallazgo abre las puertas para el desarrollo de nuevos medicamentos antibacterianos destinados a luchar contra las bacterias usando sus propias armas.

Durante la infección causada en un organismo por las bacterias que lo están invadiendo, éstas pueden excretar toxinas que causan daños a las células y tejidos del organismo atacado. De forma interesante, las bacterias también usan unas contra otras mecanismos similares cuando compiten entre ellas. Quizá lo más notable al respecto es que pueden usar sistemas bastante sofisticados de secreción, valiéndose de estructuras similares a jeringas para inyectar las toxinas en las bacterias rivales. Entre los diferentes sistemas de secreción conocidos en las bacterias, el sistema de secreción tipo VI es de importancia particular para la competencia entre bacterias, y se encuentra en muchas especies diferentes de estos microorganismos.

Unos especialistas de la Universidad de Umea en Suecia y la de Washington in Seattle, Estados Unidos, estudiaron los genes y las proteínas que están detrás de este mecanismo de ataque tan selectivo. Los científicos examinaron detalladamente las distintas versiones del sistema de secreción tipo VI en la Pseudomonas aeruginosa, que es una bacteria de los suelos capaz de causar infecciones severas en los intestinos, la sangre y los pulmones, y en la Vibrio cholerae un patógeno que causa el cólera.

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Bacterias de la especie Pseudomonas aeruginosa. (Foto: CDC)

El equipo de la microbióloga Sun Nyunt Wai, de la Universidad de Umea, y el microbiólogo Joseph D. Mougous, de la de Washington, ha comprobado que ciertas enzimas, las fosfolipasas, son secretadas por el sistema tipo VI y que dichas enzimas sólo son eficaces contra el competidor pero no para la propia membrana celular de la bacteria productora.

En la investigación también han trabajado Krisztina Hathazi y Takahiko Ishikawa de la Universidad de Umea, así como Alistair B. Russell, Michele LeRoux, Danielle M. Agnello y Paul A. Wiggins de la Universidad de Washington.

Fuente: NCYT

Encuentran dos tipos de bacterias en una tormenta de polvo sahariano

Abril 30th, 2013

Las tormentas de polvo sa­hariano son fenómenos meteorológicos capaces de desplazar millones de toneladas de material particulado a una distancia de miles de kilóme­tros, principalmente, por el Hemisferio Norte. Por su proximidad, Andalucía (España) es una de las regiones más afectadas por estos episodios, caracteriza­dos por ofrecer una especie de velos de colores a los cielos, desde el marfil, al tono rosado o anaranjado. Sin embargo, y más que tratarse de un hecho pintoresco, una de las cuestiones que la comunidad científica aborda con el estudio de estas tormentas es si todo ese torrente de ma­terial termina por afectar a la salud humana –al alterar la calidad del aire- o a actividades como la agricultura o pesca. Se calcula que cada año se esparcen por el Hemisferio Norte cerca de 1.000 millones de toneladas de material. 

La estación Matalascañas de la Red de Calidad del Aire de la Junta de Andalucía, situada en las instalaciones de la Universidad de Huelva, registró varios episodios de desplazamiento masivo de polvo sahariano desde el Norte de África entre el 18 y 20 de marzo de 2010. Mediante técnicas de secuenciación, analizaron el contenido del rastro de polvo que había dejado la tormenta a su paso por el Golfo de Cádiz. Y tras año y medio, los investigadores de la Estación Experimental del Zaidín (CSIC) en Granada y el Campus de Excelencia Internacional en Agroalimentación ceiA3 en la Universidad de Huelva, liderados por Juan Luis Ramos y Ana Sánchez de la Campa, respectivamente, determinaron por primera vez la presencia de dos tipos de bacterias, así como de material industrial como titanio, vanadio o molibedno. Estos minerales, según estu­dios previos, proceden de la actividad industrial del norte de África, principalmente explotaciones de fosfatos y de gas en el Norte de África. “Han sido numerosos los trabajos que han identificado desde el punto de vista químico y mineralógico la composición de los aerosoles. Por ejemplo, se han encontrado calcita, dolomita, cuarzo, arcilla, óxidos de hierro y sulfato de calcio, entre otros. Sin embargo, los microor­ganismos asociados a estas masas de aire no han sido analizados en profundidad”, asegura la inves­tigadora Ana María Sánchez de la Campa, de la Uni­versidad de Huelva. 

El estudio revela la presencia de Firmicutes – un filo bacteriano resistente a la desecación y que pueden sobrevivir en condiciones extremas- y Proteobac­terias. “Muchos de estos microbios transportados germinaron bajo condiciones favorables en forma de esporas, y se mostraron altamente resistentes a la luz ultravioleta, la presión atmosférica y el calor”, apuntan los investigadores en el estudio titulado Chemical and Microbiological Characterization of Atmospheric Particulate Matter during an Intense African Dust Event in Southern Spain, publicado en la revista Environmental Science and Technology. 

“Durante las tormentas, los microbios están ex­puestos en la estratosfera a la actividad de los rayos ultravioleta, por lo que sugerimos que el polvo po­dría proteger la actividad celular de las bacterias a lo largo de su recorrido”, apuntan. 

Entre las conclusiones del trabajo está que esta to­lerancia a la sequía y al calor podrían ser rasgos comunes necesarios para facilitar el transporte y la supervivencia de los microbios, y que estas ca­racterísticas podrían abrir la puerta a nuevas acti­vidades biotecnológicas relacionadas con procesos químicos industriales.

Fuente: NCYT

Descubren un mecanismo de nutrición de las arqueas del subsuelo marino

Abril 29th, 2013

Las arqueas que viven en el subsuelo marino figuran entre las formas de vida más aisladas y extrañas del planeta. Bajo el fondo del mar se encuentra un desolado medio sin oxígeno ni por supuesto luz solar. Pese a ello, hay microorganismos subsistiendo allí desde hace muchos millones de años.

La existencia de vida en ese medio tan aislado y hostil ha intrigado a la comunidad científica desde los primeros hallazgos inequívocos de formas de vida en el subsuelo marino a gran profundidad bajo la superficie del mar.

Ahora, los científicos van a poder responder mejor que antes a algunas de las preguntas principales sobre cómo esos microorganismos logran sobrevivir ahí.

Un estudio a cargo del equipo de la microbióloga Karen Lloyd, de la Universidad de Tennessee en la ciudad estadounidense de Knoxville, revela la existencia de un mecanismo en arqueas del subsuelo marino que les permite nutrirse lentamente de proteínas.

Las arqueas constituyen uno de los tres dominios de la vida en la Tierra. Los otros dos son las bacterias y los eucariotas (vegetales, animales, hongos, algas y, esencialmente, todo lo demás).

Las arqueas son microorganismos unicelulares comparables en algunos aspectos a las bacterias (de hecho durante un tiempo se las catalogó como un grupo insólito de bacterias) pero con estructuras químicas y genéticas únicas, que las separan de todos los demás organismos vivientes, hasta el punto de que no faltan científicos que las consideran tan diferentes de las bacterias como los humanos lo somos de éstas.

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A la izquierda, recolección de muestras del fondo de la bahía de Aarhus. A la derecha: Las arqueas son formas de vida intrigantes. (Fotos: Respectivamente, Bo Barker Jørgensen de la Universidad de Aarhus, y Richard Kevorkian de la Universidad de Tennessee)

Los microbios del subsuelo marino se encuentran entre los más organismos más comunes de la Tierra. Tal como comenta Lloyd, hay más de ellos que estrellas o granos de arena. Si pisamos barro del fondo marino, estamos pisando arqueas. Sin embargo, aunque han estado ahí durante toda la historia humana, nunca se ha sabido todo lo que hacen allá abajo.

Los científicos están interesados en la vida de esas arqueas marinas porque la actividad de estos microorganismos proporciona pistas sobre las condiciones mínimas absolutas requeridas para sustentar vida así como el ciclo del carbono.

Los científicos creían anteriormente que las proteínas sólo se descomponen en el mar por las bacterias. Pero se ha descubierto que las arqueas desempeñan un papel importante en la degradación de las proteínas en el fondo marino.

Las proteínas constituyen gran parte de la materia orgánica en el fondo del mar, el mayor depósito de carbono orgánico del mundo.

Para revelar la identidad de las células así como su manera de subsistir, Lloyd y sus colegas recogieron barro oceánico conteniendo arqueas de la Bahía de Aarhus, en Dinamarca.

Luego extrajeron cuatro células individuales y secuenciaron su ADN, comprobando finalmente la presencia de genes que codifican enzimas capaces de degradar proteínas extracelulares.

En la investigación también han trabajado Andrew Steen de la Universidad de Tennessee, así como Lars Schreiber, Dorthe G. Petersen, Kasper U. Kjeldsen, Mark A. Lever, Andreas Schramm y Bo Barker Jørgensen, de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, Ramunas Stepanauskas del Laboratorio Bigelow de Ciencias del Océano en Maine, Estados Unidos, Michael Richter de la empresa alemana Ribocon GmbH, y Sara Kleindienst y Sabine Lenk del Instituto Max Planck para Biología Marina, en Alemania.

Fuente: NCYT