Flor silvestre genera una “armadura” metálica contra las enfermedades

Quienes pensaban que las armaduras metálicas se originaron en el Antiguo Egipto están equivocados. Científicos decubrieron que una flor silvestre es capaz de acumular altas cantidades de metales pesados en sus hojas como una especie de “blindaje” contra las infecciones bacterianas.
 
 
El carraspique alpino (Thlaspi caerulescens) es una planta pequeña de la familia de la mostaza que crece en suelos ricos en metales pesados como las minas. La planta es largamente conocida por acumular muy altas concentraciones de metales pesados como el zinc, el níquel y el cadmio en sus hojas. Sin embargo, hasta ahora era un misterio el por qué de este particular fenómeno.
 
 Los científicos de la Universidad de Oxford han demostrado que cuando las plantas de carraspique alpino acumulan los metales en sus hojas, estas se vuelven más resistentes al ataque de la bacteria Pseudomonas syringae pv.
 
“Nuestros resultados demuestran que estas plantas están explotando su medio ambiente rico en metales para sí mismas creando una armadura contra las enfermedades, dijeron los autores. “Lo que hemos encontrado es una relación directa entre estas concentraciones de los metales y una alta resistencia a la infección bacteriana.
 
En el trabajo experimental las plantas fueron cultivadas en concentraciones progresivamente mayores de zinc, níquel y cadmio y demostraron que los tres metales fueron capaces de defender a la planta frente a la bacteria patógena. Mediante el estudio de diversas cepas de la bacteria, fueron capaces de demostrar una relación estrecha entre la capacidad de las bacterias para crecer en presencia de las altas concentraciones de los metales y su capacidad para infectar a las plantas.
 
“Anteriormente, habia sido difícil explicar por qué las plantas de carraspique acumulaban altas concentraciones de metales potencialmente tóxicos,” dijeron los autores. “Nuestros resultados proporcionan pruebas convincentes de que, mediante la acumulación de los metales pesados, estas plantas se benefician de una mayor protección contra los enemigos, como los microorganismos patógenos y herbívoros.
 
Los investigadores también demostraron que las bacterias que sobreviven en las plantas en el sitio de una antigua mina de plomo y zinc en el País de Gales tuvieron una mayor tolerancia al zinc que las bacterias aisladas de plantas que crecen en suelos normales. En otras palabras, las bacterias están “aprendiendo” también a tolerar las altas concentraciones metálicas en la planta.
 
Esto indica que tanto la planta y sus patógenos demuestran evidencias de una adaptación local para la supervivencia en los ambientes ricos en metales, y que los patógenos se pueden adaptar a superar las defensas “matálicas” de las plantas.
 
 
Referencia
Fones et al. Metal Hyperaccumulation Armors Plants against Disease. PLoS Pathogens, 2010; 6 (9): e1001093 DOI: 10.1371/journal.ppat.1001093

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