Conociendo mejor la actividad cotidiana de los microbios marinos

Los microbiólogos que estudian microbios marinos silvestres, a diferencia de lo que ocurre cuando estudian las variedades cultivadas en el laboratorio, se enfrentan a enormes desafíos para lograr hacerse una idea medianamente clara de las actividades diarias de sus especímenes. No obstante, un equipo de científicos recientemente ha descubierto cómo hacer con los hábitats naturales de los microbios marinos algo equivalente a filmar fieras salvajes en su entorno natural.

La nueva estrategia permite mostrar a través del tiempo las actividades simultáneas de muchas especies de microbios marinos que coexisten en un hábitat natural.

En vez de filmar en el sentido literal de la palabra, los científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, y el Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterrey (MBARI), ambas entidades en Estados Unidos, utilizaron un robot submarino que recogió muestras de mil millones de microbios cada cuatro horas. Obrando de un modo que se parece en algunos aspectos a la fotografía rápida, capaz de “congelar” las acciones más veloces, el dispositivo robótico fijó cada muestra por lo que los genes expresados por los microbios en el momento de la captura quedaron preservados para su estudio posterior en el laboratorio, donde el equipo de Edward DeLong, del MIT, utilizó el análisis de expresión genética de todo el genoma para crear una sucesión de “fotogramas” de las actividades cotidianas de múltiples especies microbianas durante un período de dos días.

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Investigadores preparando el dispositivo robótico conectado a una boya para su viaje de muestreo frente a la costa de California. (Foto: Cortesía del Instituto de investigación del Acuario de la Bahía de Monterey)

Debido a que los microbios son extraordinariamente sensibles a ligeros cambios ambientales y alteran su expresión genética con rapidez en respuesta a fluctuaciones de temperatura, luz, disponibilidad de nutrientes y otras variables ambientales, los genes que expresan revelan el día a día de la historia de su hábitat y sus interacciones con él. En esencia, los cambios en su expresión genética proporcionan información sobre los buenos y los malos ratos que viven. En cierto sentido, cada microbio presente de forma natural en un lugar es un sensor biológico que ofrece datos sobre las condiciones reinantes en ese lugar. Los investigadores obtienen “lecturas” de dichos sensores mediante el estudio de su expresión genética.

A efectos prácticos, DeLong y sus colegas capturaron un día en la vida de esos microbios, una hazaña tecnológica que, con el grado de detalle logrado, al propio DeLong le habría parecido imposible tres años atrás, según él mismo confiesa.

Fuente: NCYT

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